Los autos de mi vida

Así como existen los hombres de mi vida, también están los autos de mi vida. Y aunque no han sido muchos (los autos), han estado en momentos especiales.

Por eso esta vez les voy a contar sobre los coches que fueron parte de mi vida desde pequeña; digamos que esto es como una biografía, pero de coches.

Cuando era muy pequeña, como de dos años, mis papás tenían un “vochito” café, no me acuerdo mucho de esa época pero veo fotos donde sale el Volkswagen y estaba muy lindo, muy bien cuidado, mis papás estaban chavos y era el coche familiar. No se qué pasó después con el coche pero sí fue importante en mi vida porque sale en varias fotos de cuando era pequeña.

Volkswagen Sedán. Fotografía: cortesía de Volkswagen de México.

Después tengo como un “black out” y no recuerdo qué coches tuvieron mis papás en el inter, pero sí me acuerdo que a mi papá le dieron un Ford Fairmont azul en su trabajo: muy lindo, automático, era un coche muy elegante, recuerdo que el techo lo tenía como ahulado la parte externa, y mi papá lo tenía impecable; era como subirte a un lugar inmaculado, mi papá siempre lo cuidaba mucho, lo mandaba a lavar y lo tenía en perfectas condiciones.

Ford Fairmont. Fotografía: Ford Motor Company.

En esa misma época cuando mi papá tenía el Fairmont, mi mamá tenía un Chevy Nova, este era más deportivo, era una versión sport, recuerdo que mi hermana y yo éramos muy felices porque nos íbamos en la cajuela, esta era gigante y estaba comunicada con el interior del coche, entonces desde que nos subíamos nos íbamos atrás y ahí íbamos jugando y echando relajo, y saludando a los de los coches de atrás (si éramos de las niñas que van en la parte trasera del coche saludando y haciendo caras a la gente).

General Motors Chevy Nova. Fotografía: General Motors Company.

Era muy espacioso y eso sí, recuerdo que no estaba tan limpio como el de mi papá, al contrario, lo traíamos medio mugroso, bueno… pensemos que en este coche íbamos a todos lados y con dos niñas a bordo no se podía mantener muy ordenadito. En el Chevy mi mamá nos llevaba a todos lados: a la escuela, a jugar, a dónde fuera necesario, y el Ford de mi papá solo nos subíamos mi hermana y yo los fines de semana cuando íbamos de paseo todos juntos o cuando íbamos a visitar a mi abuelita los domingos, por lo que era más fácil mantenerlo limpio y alejado de dos niñas latosas.

Cuando llevaban al taller el Ford de mi papá le prestaban del trabajo un auto modelo Volkswagen Safari, que es todo como de lámina, súper austero, era muy frío por dentro, pero a mi hermana y a mi nos encantaba, llegaba mi papá de trabajar y nos subíamos al coche a jugar horas y horas en el Safari.

Volkswagen Safari. Fotografía: cortesía de Volkswagen de México.

Mi papá cambió después de trabajo y pues ya no tenía el Fairmont azul así que se compró un Ford Cougar, ese si era una joya, era hermoso y súper elegante, me acuerdo que cuando íbamos en ese coche nos sentíamos como princesas millonarias, todo mundo nos volteaba a ver, era el auto del momento. Era blanco afuera y los interiores beige, automático con la palanca a lado del volante, y era súper nice, nos creíamos las “muy muy” cuando íbamos en el coche o nos llevaba mi papá a la escuela. Me acuerdo también que tenía parte del techo con vinil, lo que lo hacía más elegante igual que el Fairmont. Mi papá y nosotras éramos súper felices en ese coche.

Ford Cougar. Fotografía: Ford Motors Company.

Cuando el Chevy Nova de mi mamá ya estaba más viejito, mi papá le compró a mi mamá un Chevrolet Citation, que era como una versión del Chevy: más chico con el mismo tipo de cajuela (aquí ya éramos más grandes y no cabíamos en la cajuela) y tenía una línea muy deportiva, la verdad era medio “X”, no nos hacía tan felices como el Cougar de mi papá.

Chevrolet Citation. Fotografía: vía Web.

Cuando yo ya estaba más gr ande mi papá se compró una camioneta Chevrolet Tracker, súper padre pero ya era yo más grande y ya no era como mi coche, sino el de mi papá, cuando era pequeña pasaba tanto tiempo con los papás y me llevaban a todos lados que sentía que los coches eran míos.

Chevrolet Tracker. Forografía: vía Web.

Ya más grandecita, como a los 23, tuve mi primer coche: un Ford Escort negro automático (porque nunca aprendí a manejar estándar) que aunque no me lo compré yo, me lo compró mi esposo; esto tenía ese sabor de que como yo no me lo había comprado no era mío mío, era el coche que traía yo todo el tiempo pero era de los dos, así que no lo sentía tan propio.

Ford Escort. Forografía: vía Web.

Como empecé a trabajar ya también bastante grandecita como hasta los 24 años, entré a trabajar a una agencia de publicidad, pero ahí me pagaban poco ya hasta como a los 26 entré a otra agencia donde me pagaban mejor y ahorré mucho, hasta que junté para comprarme mi primer coche que pagaría yo solita de contado con el dinero del esfuerzo de mi trabajo, la sensación es muy distinta que cuando te lo compra alguien más. Además de que lo compré nuevecito y la sensación de estrenarlo, de ir a la agencia a que te lo entreguen, es una emoción maravillosa.

Y así fue como me compré un Renault Clio plateado automático, obvio, que estaba súper equipado, compré el más equipado. El estéreo tenía para escuchar los CDS y me encantaba que traía el control del en una palanca al lado del volante, o sea no tenías que estirarte para cambiar de estación en la radio, se me hacía súper moderno. Tenía vidrios eléctricos, rines, etc para mi era lo máximo, tal como me gustan los coches: chiquitos y con onda (según yo). Era muy feliz yendo con mi Clio plateado a todos lados, hasta me lo llevé manejando a Acapulco y aunque no era el más rápido, a mi me hacía mega feliz.

Renault Clío. Fotografía: vía Web.

Duré como seis o siete años con el Clio. Recuerdo que por esas fechas fui a Europa y ahí vi los Smart For Two por primera vez y me encantaron, y veía como allá los estacionaban de manera “horizontal” no a lo largo, sino que son tan pequeños que los estacionan a lo ancho del auto y ocupa el mismo espacio que otro coche, eso me parecía “wow”.

Smart For Two. Fotografía: vía Web.

Regresando del viaje, fui a una expo de coches (en México todavía no había Smart) y en la expo lo vi ahí: hermoso, amarillo con gris por fuera y con interiores negros, y me enamoré a primera vista, ya les conté mi experiencia de carmate con mi Smart en otro artículo. Revisé números (porque estaba cotizado en dólares pero en esa época el dólar estaba a 11 pesitos, así que no era tan grave la cosa) y vi que sí me alcanzaba y me pude comprar mi súper Smart amarillo con interiores negros, y sigo con el hasta la fecha muy enamorada como el primer día. Cuando fui por el a la agencia era la mujer más feliz, y como en esa época no había Smart en México y mucho menos amarillos, todo mundo se nos quedaba viendo, siempre ha llamado mucho la atención, actualmente los niños se vuelven locos cuando lo ven. Y creo que es un coche que genera muy buena vibra, la gente siempre es muy amable conmigo en el tráfico de esta ciudad y me dan el paso. Obvio soy muy cuidadosa y siempre voy medio despacio, aunque sé que es un coche muy seguro.

Bueno, después de todo este rollo, esta fue la larga historia de los autos de mi vida, lo bonito de escribir estas líneas fue que aunque hablaba de los autos me iba acordando de momentos lindos que viví con mi familia y me di cuenta de cómo los autos son parte de nuestra vida, pensaba en ellos como si fueran un miembro más de la familia que estaban ahí en momentos importantes de mi infancia. ¡Fue un interesante recorrido hablar de los autos de mi vida!

Ciudad de México.